sábado, 23 de octubre de 2010

Cap 2: La sobrina del dictador

Alexa suspiró, y miró por la ventana. Ojalá la dejaran salir de aquel maldito castillo aburrido y explorar el precioso y también peligroso mundo submarino... Tan solo sabía cómo era el exterior por Mett... a él su tío sí que le dejaba hacer lo que quisiera. Mett casi nunca estaba en palacio: se pasaba todo el día fuera con su panda de sirenios, haciendo gamberradas en el fondo marino. Pero al menos, podía respirar un poco de saludable agua fresca... Como su padre era el rey...

-Tío Rygur -decía Alexa siempre-. ¿por qué no me dejas salir?

-Por tus padres, insensata. No debes salir bajo ninguna circunstancia -contestaba su tío, el atareado, el irritable y el astuto.

Alexa ni siquiera sabía el nombre de sus padres. Tampoco, si seguían vivos o no. Solo sabía que habían desaparecido hacía mucho tiempo, cuando ella era aún bebé, y que su tío Rygur, haciendo acto de bondad suprema, la había aceptado y había cuidado de ella todos estos años. Ésta era la versión oficial, claro. Su primo, Mett, que tenía cuatro años más que ella y había vivido el momento, le había contado que, el día que ella llegó al palacio, su padre iba todo de negro, parecía muy alterado y excitado, y que en la superficie había mucho jaleo. Mett lo oyó desde la cueva en la que jugaba con una foca.

Alexa vio como dos delfines se perseguían, gozosos, por la suave y fresca agua salada del mar. ¡Como le gustaría salir ahí y jugar con ellos! Pero las rejas de su ventana se lo impedían. Además, aunque a veces se peleaban, Mett y ella se querían mucho y ella no quería dejarle tirado con Rygur. A Mett no le haría ni pizca de gracia.

De modo que ahí siguió, viendo alejarse a los delfines hasta perderlos de vista. Tristemente, se separó de la ventana y se echó en la cama.

Observó el techo. En él había pegadas decenas de estrellas de mar: sus mascotas. Lidia, Aamir, Fucsia y Zeeth eran sus preferidas. Lidia era verde; Aamir, azul; Fucsia, como su nombre indicaba, era rosa intenso; y Zeeth, de color dorado. Las demás estrellas eran naranjas y más normales, pero a Alexa le gustaban más las estrellas excepcionales porque eran como ella: siempre destacaban. Y no encajaban en ningún lugar.

-Alexis -susurró una voz, bajito, desde la ventana-. ¡Eh, Alexis!

Alexa frunció el ceño. Solo había una persona que la llamaba así.

-¿Qué quieres, Mett? -se levantó y fue hasta la ventana. Como esperaba, su primo estaba ahí, en el otro lado, agarrado a los barrotes.

-Hay una cosa que tal vez pueda interesarte... Estaba con... una amiga en las cuevas de cristal, y... -Alexa suspiró.

-Ahórrame los detalles, Mett.

-Vale. Y oímos hablar a los humanos de la superficie... ¡de tí!

Alexa miró a su primo, incrédula.

-¿Cómo que de mí? ¿Qué saben los humanos de la superficie sobre mí, Mett? ¿Qué tengo yo que ver con ellos?

-Estaban hablando de la pobre Alexa, desaparecida... Dijeron que había una gran recompensa por encontrarte, pero que el secuestrador te había escondido en un lugar donde ellos no podían llegar...

-¿A qué lugar no puede llegar un humano de la superficie?

Mett resopló.

-A veces eres un poco cortita, ¿eh, Alexis? Pues bien, debajo del agua... Ya sabes, ellos no pueden respirar aquí abajo...

Alexa se quedó mirando a su primo. ¿Cómo era posible que la buscaran en la superficie? Que ella supiera, nunca había salido del mar... y sus padres eran marinos, también, ¿verdad?

Mett adivinó lo que pensaba Alexa.

-No, Alexis. Me parece que tus padres no eran marinos... ¿qué otro sentido podría tener todo esto? Escucha... tú eres de la superficie, y mi padre te raptó hace doce años... cuando naciste.

-¡No puede ser! Entonces, yo habría muerto. ¡Los de la superficie no respiran aquí abajo!

-Tal vez por eso no te dejen salir... A lo mejor, tu cuarto está protegido... O puede que mi padre te haya hechizado o algo así...

Alexa ignoró las tonterías de su primo. Si todo aquello eran verdad... Bueno, todo apuntaba a que su tío era un mentiroso y que sus padres podrían seguir vivos... en la superficie.

-Mett... ¿me harías un favor muy grande? El más importante de mi vida...

Mett observó a Alexa, extrañado.

-Bueno... sí, supongo...

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