-¿Es cierto lo que he oído? -se oía rumorear por todo el reino aquel día-. ¿Ha nacido la princesa?
-Sí, sí -decían unos.
-No, no -decían otros.
-He oído que es tan bella que corta el aliento. Y que cantará tan bien que su voz hechizará a los hombres.
Por la plaza había corros de mujeres cuchicheando, y en los bares, sus maridos hacían lo mismo mientras pedían bebidas y pinchos. Todo el reino estaba expectante. ¡Al fin, una princesa! ¡Al fin, una sucesora al trono!
Pero, cuando un caballero vestido de negro y con la cara oculta bajo un casco cabalgó sobre un corcel blanco y se detuvo en el centro de la plaza, nadie se esperaba la noticia que iba a dar.
-¡Por encargo del rey Amrion y la reina Sulesh, les comunico a todos que la princesa ha nacido! ¡Se llama Alexa! ¡Pero una gran desgracia ha ocurrido cuando la reina trajo al mundo a su hija: el malvado señor de las tinieblas se ha escurrido dentro de palacio y ha raptado a la bebé! ¡Por eso, urgentemente, anunciamos que al primero que encuentre y traiga con vida a la princesa, le triplicaremos su peso en oro y su edad en diamantes! ¡Por favor, rogamos que todos participen activamente en la búsqueda de la princesa!
Y tanto que participaron activamente. Todos deseaban poder triplicar su peso en oro, y enseguida salieron los hombres de los bares y marcharon para hacer patrullas en las fronteras, expediciones y búsquedas. Pero todo fue inútil. No encontraron a la princesa.
-¿Cómo ha podido ocurrir? -se lamentó el rey, abrazando a su esposa, que lloraba desconsoladamente-. ¿Cómo ha podido Rygur penetrar en mi castillo, y llevarse a mi hija delante de mis narices? ¿Cómo lo ha hecho?
-Señor... -anunció, nervioso, un guardia joven e inexperto-, algunos creen... se rumorea... bueno, se dice que el señor de las tinieblas tuvo ayuda de dentro.
-¿Estás diciendo que hay un traidor en mi corte, Shibhan?
-Ejem... más o menos, mi señor -al guardia se le cayó el casco sobre los ojos, cubriéndole completamente la cabeza. El rey tapeteó en el suelo con el pie, impaciente, mientras el pobre Shibhan se recolocaba el casco-. Esto... yo solo digo que lo oí por ahí... yo...
-Mi hermano ha resurgido de entre los muertos -sollozó Sulesh, mirando al suelo tristemente con sus largas pestañas empañadas de lágrimas-. Todos sabíamos que ocuriría, tarde o temprano. Rygur quiere el trono para su hijo Mettius, y lo conseguirá, al final. Todos los sabemos. Por eso raptó a Alexa. Ella no es más que un estorbo para Mettius...
-¿Sugieres que el espíritu de Rygur no estaba acabado cuando le vencimos, hace doce años? -preguntó el rey, consternado.
-Aún más, cariño, aún más. Afirmo que mi hermano está conspirando, organizando una rebelión contra nosotros en los límites de la tierra. Amrion, mi hermano se ha establecido en el mar. Allí donde nosotros no podemos llegar...
-Pero, si está reuniendo rebeldes... ¿de qué le sirve nuestra hija Alexa?
-Ella es un arma muy poderosa contra nosotros, Amrion, letal. Tiene el fuego de los humanos y la frialdad de las sirenas. Alexa es una mezcla explosiva. Tiene poder tanto en tierra como en mar.
-Pero... mientras ella esté en el mar, tú te encargarás de buscarla, ¿no? Y cuando salga al aire, lo haré yo. ¿No?
-No, mi valiente rey. Renunié hace mucho a mi reino submarino, y ahora soy repudiada y odiada ahí. Si volviera, moriría. Ni siquiera puedo transformarme en sirena ya...
Y, con estas tristes palabras, la pequeña reunión se disolvió: Shibhan volvió a su puesto, y el rey se llevó a la reina a su camarote, destrozados por la pérdida de su recién nacida hija Alexa. Estaba claro que era imposible rescatarla, hasta que Rygur, el hermano de Sulesh, se pusiera en contacto con ellos para reclamar una recompensa o algo así.
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